viernes, 16 de octubre de 2009

Las carreras de fondo

En el mundo existe un extenso y variopinto acervo de tipos de carrera. Tenemos carreras en las medias, carreras para pijos empollones, está la carrera del duro de mis tiempos de instituto (¡fuerte ridículo!), carreras de coches de esos que levantan tierra que jode y se cepillan a los animalitos... En fin, que lo de correr, al menos en sentido reflexivo, lo tenemos al alcance de la mano (chiste).

Ahora bien, de todas las formas de carrera en las que el ser humano puede tomar parte, es sin duda la carrera de fondo la que menos adeptos acapara en sus filas. Sí, amigarrobas, eso de darle a la chola enérgicamente sin parar para mear, beber agua o garimba, coger aire o humo, mientras los demás van repochados en sus cochitos oficiales, en resumidas cuentas, jode. Así que según recientes datos, estamos ante una alarmante escasez de seres comprometidos, de esos que se presentan a mediodía de un sábado en la Plaza Weyler azotados por el flagelo de la resaca. De esos que se cascan la glotis pidiéndole al aire que no sigan matando la tierra que habitan. De esos que se maman un mitin amateur a las dos de la tarde, bajo un solajero que cágate, con la mera intención de participar en un rebumbio del que ningún medio se hace eco.

Sin embargo, la carrera continua es la única manera, para nosotros que no somos familia del cacique, de hacer valer nuestros derechos contra argumentos de tipo genital y fiscal. La gente que corre durante mucho tiempo sin desfallecer consigue cosas, poquito a poco. Aunque a veces nos hagan volver a la casilla de salida y arrancar otra vez como si nada hubiera valido la pena.

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