
Saludamos un nuevo otoño con la nariz goteando y los ojos como si acabáramos de cortar una cebolla, el bicho se abre paso a través de nuestras vías respiratorias reproduciéndose a lo bestia. ¡Ah, cómo se lo pasa el nota infectando nuestras células que se inflaman a tope para atraer y activar a las compañeras inmunitarias. Sí, amigarrobas (detesto las abreviaturas), ya podrían dejarse de rollos y fulminar al cabrón de virus este con un rayo letal de puta madre, pero la cosa no funciona así. Los superhéroes y las supercélulas mucho me temo que pertenecen sólo al mundo de la ciencia ficción, así que la realidad para nosotros, tristes mortales, es que los rinovirus tardan entre 3 y 10 días en dejar de joder y que Supermán no viene nunca a salvarnos de la tonga de putadas infumables que habitualmente tenemos que soportar.
Ahora bien, he de reconocer que existen varios aspectos que me gustan de esta situación:
a) Si estás muy jodido te puedes escaquear del curro.
b) Si te metes mucha tralla de antigripales el efecto es similar al de un lotito suave.
c) Dada la situación, no te queda más cojones que tocártelos.
Así que, en resumen, puedes estar perfectamente un lunes por la mañana en tu casa, colocado y tocándote los cojones. Claro que para eso también podía haberme dedicado a la farándula o a la política y me ahorraba la moquera y el dolor de cabeza, pero la verdad es que me atrae poco el nomadismo y, además, cuando miento me vibra una ceja que te cagas.
En fin, después de todo estoy deseando incorporarme de nuevo al trabajo, aunque sea para mandarme unas buenas argollas de esas que saben a gloria y, de paso, escapar de esta matraquilla que tiene mi nariz con gotear a lo bonzo. ¡Hachís!, Jesús.
Ahora bien, he de reconocer que existen varios aspectos que me gustan de esta situación:
a) Si estás muy jodido te puedes escaquear del curro.
b) Si te metes mucha tralla de antigripales el efecto es similar al de un lotito suave.
c) Dada la situación, no te queda más cojones que tocártelos.
Así que, en resumen, puedes estar perfectamente un lunes por la mañana en tu casa, colocado y tocándote los cojones. Claro que para eso también podía haberme dedicado a la farándula o a la política y me ahorraba la moquera y el dolor de cabeza, pero la verdad es que me atrae poco el nomadismo y, además, cuando miento me vibra una ceja que te cagas.
En fin, después de todo estoy deseando incorporarme de nuevo al trabajo, aunque sea para mandarme unas buenas argollas de esas que saben a gloria y, de paso, escapar de esta matraquilla que tiene mi nariz con gotear a lo bonzo. ¡Hachís!, Jesús.




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