La última entrega de este éxito mediático nos enseñaba a una Samanta Villar regalándose a tope con el lujo más lujoso mientras lanzaba comentarios puntiagudos - en plan "acumulación de la riqueza" y "solidaridad" - a todos aquellos nobles y sine-nobilitates indolentes. Algo así como darles a entender que TODOS deberíamos tener derecho a TODO, en una especie de discurso a favor de la democratización del consumo selecto, que se topaba la mayoría de las veces con réplicas del tipo"no consiento que me hables en términos marxistas" junto a otras menos intelectuales pero del mismo corte.
¿Pero acaso no somos nosotros, amigarrobas, libres de consumir lo que nos salga de las gónadas? Pues según decía una antigua profesora, manida y tronada, que me dio clases años ha, eso no es así:
- Si usted no tiene la capacidad necesaria para nadar hasta Gran Canaria, no es usted libre para hacerlo, querido.
- ¡Tain! ¡No me diga que no soy libre para darme baños faciales con pan de oro! ¡Joder, me cago en la puta!
- Verá usted, la libertad así entendida va siempre de manera paralela a los límites de la competencia, y por tanto, de la responsabilidad. Usted es libre de hacer todo lo que esté al alcance de su mano y de lo cual puede que tenga que responder en un futuro. Lo demás está fuera de la esfera de la libertad.
- Pero... ¿y si en el futuro hubiera una crisis de puta madre y los precios en general bajaran? ¿LA CRISIS NOS HARÍA MÁS LIBRES ENTONCES?
- Tiene usted una imaginación muy imaginaria, señor De la Argolla, pero eso no funciona así. Los que han tenido dinero desde siempre, siempre lo tendrán. El resto se mueve en un continuo entre la subsistencia y la estupidez.
- ¿¿@@%$$##¬??
- Vera usted, sólo es preciso un poquito de costumbre para que lo que antes era un lujo impensable se convierta ahora en la más imperiosa de las necesidades. Cosas de la naturaleza humana.





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