Zenón de Elea era un griego presocrático trabadísimo de la cabeza, como otros muchos de su época, que quería trabarnos a los demás y por eso inventó una suerte de acertijos conocidos como aporías. Uno de los más famosos ponía en entredicho, a nivel lógico - matemático, la posibilidad del movimiento, así que retó a otros pensadores de su época a que demostraran lo contrario. Uno que había allí, muy espabilado él, se levantó enseguida y se puso a caminar con aires de aristócrata por la sala en la que estaban reunidos:
- ¡Mira, imbécil! No tengo ningún problema en DEMOSTRAR que puedo moverme como me plazca.
- ¡Pero mira que eres comemierda! ¡Lo estás MOSTRANDO, tolete! Se lo enseñas a los sentidos, es cierto, pero no eres capaz de DEMOSTRARLO ante la razón.
- ¡Eso es un completo disparate! ¿Me he movido o no, berzotas?
Entonces, igual que cuando éramos chicos en el colegio, un grupo de pensadores se unió a Zenón para dedicarse al crucigrama y la paja mental, mientras que otro se juntó con el espabilado entregándose básicamente a descojonarse a tope de Zenón y sus colegas.
Pues bien, aunque a primera vista parezca que Zenón era un máquina y tal, y que el espabilado aquel no tenía ni puta idea de lo que estaba diciendo, el Zenón era un capullo, amigarrobas. A la hora de la verdad, las cosas que importan, o se muestran a los sentidos, o simplemente no existen más allá de los límites de algún cerebro que piensa demasiado.
lunes, 7 de diciembre de 2009
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Ante la duda... la más tetuda
René Descartes, francés él, fue un importantísimo pensador occidental del siglo XVII enamorado a tope de la capacidad de razonar que poseemos los humanos y detractor al máximo de toda información no contrastada por el intelecto.
Recuerdo que cuando estudiaba mi último año de instituto, en aquellos tiempos en los que Marx formaba parte del temario de la Prueba de Acceso a la Universidad, nos referíamos a Descartes como "El cogito", por aquello de "Cogito, ergo sum" (pienso, luego existo). También recuerdo unas cuantas tardes leyendo su Discurso del Método sobre el césped del Parque La Granja, entre el aroma del hachís y los efluvios del medio millón de cagadas de perro, mucho antes de que el ayuntamiento inventara eso de la "pala - caca".
En efecto, amigarrobas, se ha avanzado mucho desde aquellos últimos años del siglo XX, y sin embargo, son pocos los que siguen recordando las reglas del método cartesiano, la mayoría de la sociedad se ha olvidado de algunas tan importantes como el Precepto de la Evidencia:
Quizás le hubiera ido mejor añadiendo un "aunque lo diga la tele", pero claro, el tío era filósofo, no adivino. De hecho, el amigo René le dedicó mucho tiempo a devanarse los sesos con el tema, y después de separar básicamente todo aquello que estaba asentado sobre la percepción de los sentidos, los dogmas de fe y tal, se quedó con una sola cosa que nadie podía rebatirle:
Sin embargo, amigarrobas, una gran parte de nuestra sociedad, en la que se incluyen los medios de comunicación de masas (aunque pidan perdón y tal), simplemente NO EXISTE. Los vemos ahí, sí, igual que vemos cambarse un lápiz al meterlo en un vaso con agua, pero la realidad es que no están, son sólo sombras que pululan por la biosfera para ser manipuladas por otros y confundirnos en nuestro intento por llegar a la verdad, como un espejismo más de cualquier carretera al solajero.
Desde el Reino de la Argolla, amigarrobas, sólo me queda invitarles a pensar. En definitiva, a existir.
Recuerdo que cuando estudiaba mi último año de instituto, en aquellos tiempos en los que Marx formaba parte del temario de la Prueba de Acceso a la Universidad, nos referíamos a Descartes como "El cogito", por aquello de "Cogito, ergo sum" (pienso, luego existo). También recuerdo unas cuantas tardes leyendo su Discurso del Método sobre el césped del Parque La Granja, entre el aroma del hachís y los efluvios del medio millón de cagadas de perro, mucho antes de que el ayuntamiento inventara eso de la "pala - caca".
En efecto, amigarrobas, se ha avanzado mucho desde aquellos últimos años del siglo XX, y sin embargo, son pocos los que siguen recordando las reglas del método cartesiano, la mayoría de la sociedad se ha olvidado de algunas tan importantes como el Precepto de la Evidencia:
Quizás le hubiera ido mejor añadiendo un "aunque lo diga la tele", pero claro, el tío era filósofo, no adivino. De hecho, el amigo René le dedicó mucho tiempo a devanarse los sesos con el tema, y después de separar básicamente todo aquello que estaba asentado sobre la percepción de los sentidos, los dogmas de fe y tal, se quedó con una sola cosa que nadie podía rebatirle:
¡Soy un sujeto pensante,
estoy pensando ahora mismo,
ahí está la prueba de mi existencia!
Sin embargo, amigarrobas, una gran parte de nuestra sociedad, en la que se incluyen los medios de comunicación de masas (aunque pidan perdón y tal), simplemente NO EXISTE. Los vemos ahí, sí, igual que vemos cambarse un lápiz al meterlo en un vaso con agua, pero la realidad es que no están, son sólo sombras que pululan por la biosfera para ser manipuladas por otros y confundirnos en nuestro intento por llegar a la verdad, como un espejismo más de cualquier carretera al solajero.
Desde el Reino de la Argolla, amigarrobas, sólo me queda invitarles a pensar. En definitiva, a existir.
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