miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ante la duda... la más tetuda


René Descartes, francés él, fue un importantísimo pensador occidental del siglo XVII enamorado a tope de la capacidad de razonar que poseemos los humanos y detractor al máximo de toda información no contrastada por el intelecto.

Recuerdo que cuando estudiaba mi último año de instituto, en aquellos tiempos en los que Marx formaba parte del temario de la Prueba de Acceso a la Universidad, nos referíamos a Descartes como "El cogito", por aquello de "Cogito, ergo sum" (pienso, luego existo). También recuerdo unas cuantas tardes leyendo su Discurso del Método sobre el césped del Parque La Granja, entre el aroma del hachís y los efluvios del medio millón de cagadas de perro, mucho antes de que el ayuntamiento inventara eso de la "pala - caca".

En efecto, amigarrobas, se ha avanzado mucho desde aquellos últimos años del siglo XX, y sin embargo, son pocos los que siguen recordando las reglas del método cartesiano, la mayoría de la sociedad se ha olvidado de algunas tan importantes como el Precepto de la Evidencia:





 Quizás le hubiera ido mejor añadiendo un "aunque lo diga la tele", pero claro, el tío era filósofo, no adivino. De hecho, el amigo René le dedicó mucho tiempo a devanarse los sesos con el tema, y después de separar básicamente todo aquello que estaba asentado sobre la percepción de los sentidos, los dogmas de fe y tal, se quedó con una sola cosa que nadie podía rebatirle:




¡Soy un sujeto pensante, 
estoy pensando ahora mismo, 
ahí está la prueba de mi existencia!



Sin embargo, amigarrobas, una gran parte de nuestra sociedad, en la que se incluyen los medios de comunicación de masas (aunque pidan perdón y tal), simplemente NO EXISTE. Los vemos ahí, sí, igual que vemos cambarse un lápiz al meterlo en un vaso con agua, pero la realidad es que no están, son sólo sombras que pululan por la biosfera para ser manipuladas por otros y confundirnos en nuestro intento por llegar a la verdad, como un espejismo más de cualquier carretera al solajero.


Desde el Reino de la Argolla, amigarrobas, sólo me queda invitarles a pensar. En definitiva, a existir.

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