Zenón de Elea era un griego presocrático trabadísimo de la cabeza, como otros muchos de su época, que quería trabarnos a los demás y por eso inventó una suerte de acertijos conocidos como aporías. Uno de los más famosos ponía en entredicho, a nivel lógico - matemático, la posibilidad del movimiento, así que retó a otros pensadores de su época a que demostraran lo contrario. Uno que había allí, muy espabilado él, se levantó enseguida y se puso a caminar con aires de aristócrata por la sala en la que estaban reunidos:
- ¡Mira, imbécil! No tengo ningún problema en DEMOSTRAR que puedo moverme como me plazca.
- ¡Pero mira que eres comemierda! ¡Lo estás MOSTRANDO, tolete! Se lo enseñas a los sentidos, es cierto, pero no eres capaz de DEMOSTRARLO ante la razón.
- ¡Eso es un completo disparate! ¿Me he movido o no, berzotas?
Entonces, igual que cuando éramos chicos en el colegio, un grupo de pensadores se unió a Zenón para dedicarse al crucigrama y la paja mental, mientras que otro se juntó con el espabilado entregándose básicamente a descojonarse a tope de Zenón y sus colegas.
Pues bien, aunque a primera vista parezca que Zenón era un máquina y tal, y que el espabilado aquel no tenía ni puta idea de lo que estaba diciendo, el Zenón era un capullo, amigarrobas. A la hora de la verdad, las cosas que importan, o se muestran a los sentidos, o simplemente no existen más allá de los límites de algún cerebro que piensa demasiado.
lunes, 7 de diciembre de 2009
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Se veía desde el principio que el Zenón era un tolete... ojjj, y con ese nombre, qué fácil el insulto carajo.
ResponderEliminarEn efecto, señor Lete, y si añadimos que se apellidaba DE ELEA, la rima raya lo bizarro.
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